El Hierro

Espacios culturales de El Hierro

 

Parque Cultural El Julan

Hablar de El Julan, es hacerlo de uno de los grandes tesoros de la arqueología canaria, un tesoro herencia del mundo bimbache, y como otros tantos, también marcado por la cicatrices del expolio, científico o vandálico, pero al fin y al cabo, maltratado por esa herencia.
El Julan es conocido por su extensos paneles de grabados, Los Letreros y Los Números, cosas de Aquilino y Gumersindo Padrón, tal vez ahora nombres más románticos que el frío bautismo que les podría caer en la actualidad bajo el nombre y apellidos de estación de grabados rupestres I y II.

Pero El Julan es algo más que sus estaciones de grabados, es un espacio cargado de una enorme significación cultural, tanto para los herreños del tercer milenio, como para los del primero, y es que esas laderas, salpicadas de topónimos castellanos y aborígenes, han sido un terreno que no entendía de delimitaciones parcelarias o de propiedad, ha sido terreno para buscar la subsistencia, tanto individual como colectiva, y lo ha sido hasta hace unas décadas durante más de 2.000 años, hasta que la evolución socioeconómica transformó la utilidad del solar herreño.Foto: "Cabildo Insular de El Hierro" En la actualidad el lote de Juan Baltasar, allí donde “los palmeros” buscaron agua a nivel del mar, allí donde le dicen Las Alcusas, es un espacio donde se conjuga la que sería la Santa Trinidad del Patrimonio: conservación, divulgación e investigación, bajo el paraguas de la gestión de Parque Cultural El Julan, así sin ese recurrido “de”, sin el complemento circunstancial de lugar.

El Parque ocupa una extensión de unas dos hectáreas siguiendo la división clásica de la zona, lotes de terreno de cumbre a costa, separada de los otros terrenos por barrancos, Hoyo del Carnero para el oeste, Garañones en el este, el norte lo marca el Camino de Los Pastores, y el Mar de Las Calmas, con la Playa de Las Alcusas señala el sur.
Esta división de moderna factura catastral nada tiene que ver con la continuidad cultural de El Julan con respecto a la vertiente suroeste de la Isla en particular, o con El Hierro en general, ya que más allá de Garañones o del Hoyo el Carnero la presencia cultural aborigen es palpable apenas transcurridos unos metros, tan evidente como la que se encuentra cargada de un alto significado etnográfico, sobre todo en lo que al pastoreo se refiere.

La carta arqueológica o el inventario de bienes de El Julan ofrece un amplio abanico del ajuar cultural bimbache, estaciones de grabados, cuevas de habitación o funerarias, aras de sacrificio y concheros, pero también la intuición de que este espacio está abierto al futuro, a nuevas incorporaciones al catálogo.

Desde 2008 El Julan adquiere una nueva dimensión en su gestión, pasa de ser un espacio apenas vigilado, a convertirse en Parque, a vincular la conservación con la difusión, siempre partiendo de que la premisa innegociable e invariable ha de ser el primer término, y no porque lo obligue la legalidad, que lo hace, lo es por el concepto moral y ético de haber aceptado la herencia bimbache, es decir, su conservación para dar el testigo a las generaciones futuras.

La difusión cultural en El Julan cuenta con dos espacios claramente diferenciados, tanto en su gestión como en la metodología empleada.

El primero es el Centro de Interpretación, un contenedor que compite por eclipsar el contenido, tanto su ubicación, una magnifica atalaya desde donde contemplar Las Calmas, el dibujo del perfil del suroeste herreño con sus medianías y costa; como por lo difuminado de la información que se ofrece, un recorrido por la Cultura Bimbache apoyado en paneles informativos señalando los hitos más destacados.

El segundo de los espacios es la Zona Arqueológica que es posible visitar cumpliendo una serie de requisitos, tanto establecidos en el Parque, como propios del visitante, estos últimos de carácter físico, y es que el recorrido es en su mayoría a pie y pude presentar algún tipo de dificultad para aquellas personas con algún tipo de limitación motriz.
La vista a la Zona Arqueológica se realiza exclusivamente en una ruta guida por personal del Parque cumpliendo con el principio de conservación anteriormente mencionado, y ampliando sobre el terreno el de difusión ofrecido en el Centro.

La limitación de la zona a visitar y del número de componentes del grupo (15) viene motivada tanto por la conservación de la zona, amortiguando el posible impacto de una masificación y evitando que la presencia de visitantes continúe deteriorando los bienes, como en el aspecto divulgativo: los grupos reducidos ofrecen una mejor interacción entre el guía y los miembros del grupo.

Esta ruta plantea un recorrido por varios de los bienes más destacados, tanto de filiación aborigen, como de factura más moderna, pero que se encuentran vinculados con la superposición cultural del territorio tan habitual en El Hierro.

Es el caso de La Cueva de Juan Baltasar, una cueva de habitación utilizada durante varias décadas el siglo XX por los diferentes medianeros que explotaron los terrenos y en cuyo vaciado, situado en las proximidades, aparecen materiales de filiación aborigen.

Poder contemplar in situ el legado patrimonial bimbache, tocar y acariciar las cicatrices de la piedra en forma de líbico-bereber, círculos convertidos en reticulados, “garabatos” que incitan a imaginar, a plantearse la motivación en la creación de lugares como Los Números o Los Letreros, sin obviar el gran interrogante: su significado, bien sea el etimológico o el simbólico.

La visita sobre terreno es seguir los pasos de generaciones anteriores que utilizaron este espacio como parte importante de sus vidas, bien sea de manera festiva, bien como zona de trabajo o sencillamente como lugar y punto de reunión.

Los concheros nos hablan de comidas comunales, esas guatatiboas tan comunes en el paisaje festivo y cultural herreño, nexo de unión del grupo, acontecimiento donde compartir desde lo humano a lo sagrado.

Emilio Hernández
Historiador